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Tus ojos son el origen de un tiempo que no pertenece a esta tierra.
El instante posterior al amanecer abrasa tus ojos en la levedad del silencio. Antes de que la luz se derrame por completo, tu mirada ya se ha teñido con la miel del mar y todo se encuentra  plagado de aves que sangran surcando sus olas infinitas.


I ¿qué palomas vuelan al final de la última vena donde esos latidos verdosos de verano brillan debajo de tus párpados cerrados?
la ciudad es cada vez más inabarcable: un fondo de luz es la medida de mis brazos mientras el tiempo se dilata sobre la piel y los labios
bajo el cielo los ojos se multiplican simulando el infinito en cada mirada como diamantes errantes a través de un laberinto de espejos
II el deseo se procesa entre la sangre tendidos sobre la tierra los pulmones se expanden al sol y se encienden los huesos ciñéndose a las raíces de la carne
se hunden todos los astros de madrugada y en el sopor del vacío se alimenta la máscara del día que pretende ser el principio del origen
un cuerpo se suma a otro en comunión indómita amanecen entonces atestados por la levedad del tiempo o la elevación del lenguaje
III somos invitados invadidos de la urgencia silvestre de la muerte
las convulsiones del aliento florecen en las gargantas polícromas y las voces se despliegan en torno al silencio mientras la luz dentro d…
Noche y alcohol
          sembradío de flores
                             en tu garganta

 tu cuerpo 
       a punto de extinguirse
                           entre los astros.
Te amo, te amo, no te amo. Tierra y fuego en tus labios saben a muerte perdida. Una lluvia de pétalos me aplasta la columna vertebral. Me arrastraré como una serpiente. Un pozo de lengua seca clavado en el vacío alza su furia y golpea mi frente. Me descrismo y derribo, abro los ojos contra el cielo mojado. El mundo llueve sus cañas huecas. Yo te he amado, yo. ¿Dónde estás que mi soledad no es morada? Seccióname con perfección y mis mitades vivíparas se arrastrarán por la tierra cárdena. -Vicente Huidobro-
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Las aves distantes  podrían ser  la medida  entre el cielo y la tierra. Aves tan remotas  como la articulación de las voces alejándose de la superficie  hasta dejar de distinguir  el centro de la periferia.
Nada esencial sucede en la ausencia del ruido… en la mayoría de las culturas, el tema del ruido descansa en el origen de la idea religiosa… Entonces, la música, constituye una comunicación con esta primordial y amenazadora oración del ruido. Jaques Attali
I Es la arquitectura de tus palabras perforando mis pupilas y tu melomanía emergiendo desde mi médula en secreto.
Aquí sólo el zumbido infinito de tus labios-alas vibrando allá donde el sol, al fondo del cielo; ahora sé que habitarás en mi cuerpo eternamente, dentro de los árboles o debajo de la tierra como el eco de las aves navegando sobre el silencio.
Un aura sónica ya me une a tu cuerpo, El sonido inmensurable nos ha tornado visibles.
Miro el matiz sedante de tu silencio agonizando, y de mis dedos emergen palabras eyectadas por mi mente dispersa, símbolos ambiguos que se hunden en la noche detrás de los astros, sobre las manos de la muerte.
II Ojos de la ciudad, lentejuelas parpadeantes, donde el tiempo se desvanece en intervalos de luz o de sombras.
Las…
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Las carreteras que hacia ti me conducen forman un horizonte colmado con la luz amarilla del sol: milpas de madrugada ardiendo frente a mis ojos.

De pronto, no saber de tu tristeza -estela de café y nicotina, sombra de otra piel sobre tu piel diseminada- descarrila mis pasos de tus veredas australes.


And even now if I just close my eyes...





Y me descubro tratando de escribir sobre ti, intentando volcar el torrente del desorden poliforme que habita en mis entrañas hacia tu ser tan poco culpable. Las palabras se hallan atascadas pretendiendo encontrarse en tus ojos o en la visceral salutación entre nosotros, pero el espacio inagotable de la hoja en blanco no te pertenece, a pesar de esa urgencia mía por materializarte y abandonar las ideas que se agazapan en pretiles de puentes que se dicen anónimos.
No puedo aprehenderte sino en palabras, en incontables madrugadas dilatadas y naufragios que se acumulan por las mañanas. Ojalá conociera el destino de tus canciones secretas, el murmullo de esa boca cuando al fin dice lo que ha callado, levemente, al fondo de la ciudad; ojalá sólo me bastaras para unas líneas incólumes.
es el aroma que no tienes y las palabras que tus pupilas desatan el silencio del mediodía diluyendo las huellas de nicotina que persisten en tu cuerpo arriba el cielo témpano salpica de hojas el asfalto del sur donde se ocultan nuestros huesos famélicos detrás del trazo de alguna despedida tu nombre en la boca de la humanidad palabras de agujas atraviesan la soledad de la multitud fotografías que palpitan estrujadas en los párpados qué hacer con tus ojos alondras dentro de mis puños un parpadeo: las olas del mar o el naufragio del cielo tiéndeme tus alas que la sangre hormiguea en las venas calcinadas tus semillas se ahogan y la tierra se agita en un vaivén de latidos de árboles que te nombran donde los laberintos de los cuerpos se hunden dentro donde haces amanecer la noche infinita donde el día se detiene donde todo es sol
Vienes del sonido, recreas la existencia dentro de un vórtice arbóreo que ya no sabe cómo morir.  Ahora todo se sabe dentro de ti, en el alba y el crepúsculo que nacen en la inhalación de cada día y el filo que escurre constante sobre ciudades sin nombre.  
No me olvides porque no hay mañana; porque aquí hay una perpetua urgencia de tu voz flamígera, de tus palabras claras; porque las madrugadas transcurren sin sentido si sé que no estás y éste vuelo desciende hacia la nada.
No me olvides porque no hay mañana, no hay mañana.
Sobre el cielo las nubes galopando, el sueño almidonado de no volver a despertar durante el invierno me deshace los huesos; entonces te escucho decir que la noche se bebe en dos o tres tragos, sin alcohol y sin dormir, hablándome con palabras como venas saturadas de sangre nevada, mientras agitas tus ojos entre los míos.
Mañana te haré flotar. La noche se agotará en la selva pétrea de tus raíces y las puertas cerradas sin llave concebirán un camino de interrogaciones, donde las luces de los autos tendrán nombre y cualquier rostro resultará ilegible al abrir la boca. Por ahora sólo hay tierra bajo nosotros; mi mano sobre tu cuerpo concibe tu estructura imperceptible, como el principio de las sombras rasgando lo impreciso. 

Aquí los triángulos no son perfectos

Aquí las noches no son lo mismo que allá donde tú, en los cuartos tapizados con madera en los que cavas tus palabras después del humo y antes del alcohol; y las calles que son luces de nostalgia al sur del continente. Aquí no podemos transitar las horas muertas devorando nuestros organismos hasta el amanecer y las palabras nunca sacian el silencio. Aquí las aves vuelan para no volver.
(Bordeando los límites de las estrellas encuentras un refugio insalvable, armado hasta los huesos ahogas el mundo con tu voz, y el último de los sonidos se dibuja en la línea de tus labios. ¿Era esa la sonrisa que dormía a los pájaros en su vuelo? ¿La que aguardaba dentro de mis ojos como vaho diluyéndose con cada parpadeo?)
Yo sólo soy la sombra que te mira al despertar para tejer entre mis dedos palabras que tu boca deshace con un mutismo de sueño; yo te guardo el espacio que no quiero que habites. Ahora te lo digo: caminamos largamente para no llegar aquí.
Aquí los triángulos no son perfectos.

ERRR-Magazine #19 - Colmillos de pelo

A mediados de julio se abrió una convocatoria más de ERRR-Magazine; ésta vez el tema fue: "Pedro Jimena y su bigote". Decidí mandar un texto y hace unos días recibí la notificación de que fue publicado. Se encuentra aquí, y la revista también puede leerse en versión digital.
I Son tus ojos este momento. Es la saudade.
Refléjame en tus pupilas la inmortalidad del ahora, tiempo y espacio en que el deseo es tangible; la realidad contenida en el instante va cercando lentamente su contrario, una línea invisible ya me une a tu mirada. Imagino, o intuyo, que lo ideal no asesinará ni  lo efímero ni su verdad, mientras mis ojos no abandonen tu mirada.
II Cuando los pensamientos deciden despertar sobre tu cuerpo, cuando amaneces escurriendo las palabras de la noche anterior. Respírame, dices. Eres tú, eres sin mí pretendiendo ser conmigo, son tus manos que me obligan a decirte seamos. Entonces emergemos dentro de esa sensación que los sentidos no perciben, nos elevamos el uno dentro del otro mientras el tiempo deja de ser tiempo y ya no existe principio ni fin.
III Despiértame al abrir los ojos. Abre mis párpados como si fueran tuyos. Tal vez así el tiempo me sea devuelto. Sumérgeme en el segundo, en la hora; regresa sin mí a la memoria de aquel pasado.
Seremos do…
Son tus ojos el símbolo de lo etéreo. Me haces ascender hacia donde la luz se corrompe, a punto de tornarse en sombra. Allá, tus ojos. Miro el reflejo de la luz que emerge de tus pupilas hasta herirnos. Un dolor mesurable, hipnosis sagrada que circunda el fin. Horizonte que penetro, sin ser el sol, sin ser el viento. Dos ojos terrenales que pretenden descifrar el origen de la pureza, el mar de los secretos. Tus ojos conmigo, noche donde naufragan los cuerpos, sed eterna, santuario del incendio.

Sustitutos

Al parecer somos sustituibles, reemplazables, nuestro fin es seguro pero sin saber cómo ni cuando. El olvido nace abruptamente y al mismo tiempo todo se convierte en recuerdo. Ya nada es, uno deja de ser, ni siquiera queda el vacío, porque nuestro espacio es ocupado por alguien más. Nada se puede hacer, tal vez caer en el mismo juego y tratar de suplantar lo que se ha perdido. Entonces comienza la búsqueda, o en el mejor de los casos, el remplazo se hace presente sin haberlo buscado. Las comparaciones son inevitables, la nostalgia emerge. Dependiendo del suplente, uno se da cuenta de que en ambos casos (al haber sido sustituido, y posteriormente al sustituir) nadie es el último, ni el mejor, siempre habrá algo a lo que se tenga mayor preferencia. Así transcurre la vida, desechándonos como objetos, voluntariamente, o sin quererlo, incluso a veces sin darnos cuenta. ¿Suplir o no suplir? ¿Qué hacer cuándo irrumpe en nuestra existencia alguien que nos corresponde de una manera preferente…
Súbita ausencia en que te miro, ya no hay pupilas que me devuelvan la memoria. Te miro, desnudo el filo de tu luz, apenas sobre mis labios renace la muerte. Exhalas círculos de humo, geometría intangible que me conduce hacia tu boca, donde aspiro lentamente con la vaga intención de retenerte en mi organismo. Abro mis  párpados y descubro la cadencia atípica de tus ojos oscuros, torrente, tempestad de pestañas, guardianas de tus tristes reflejos. Dejo de mirarme en tus ojos para comenzar a escucharte. Contigo no existe el silencio, tú eres la palabra, el sonido que no sabe cómo morir. Ahora sólo soy tu voz, sólo el lenguaje de tu cuerpo. Contigo sólo soy, sólo dejo de ser.
Nada en tu ser me parece real
no encuentro tu fin dentro de mí.
Tus ojos van más allá de la creación
ola etérea, sol oscuro
sombra en la que desnudo mi reflejo.
Y tus labios de luz escondida
descubierta sólo por quien los absorbe,
tornan la materia inmortal
cuando uno es presa de su abismo.
Tus manos podrían ser dioses
eternos redentores sobre mi cielo,
sagrado contacto fatal
con tu limbo inmaculado como destino.
Pero sólo tus palabras
son capaces de devolverme lo tangible
abren mis ojos para hallar tú caos
que es el origen mismo de lo verdadero.
Este es el primer insomnio que me causas. Un cúmulo de preguntas sin respuesta. Una espera que parece eterna. Una de esas veces en que me parece que lo estoy perdiendo todo, pero sólo se trata de ti.
Hace unos meses ni siquiera te conocía, mis pensamientos no eran tuyos, ni mis días ni mis noches. Pero el ayer no es el ahora, y hoy eres una idea constante en mi cabeza, eres la noche sin sueño y esa duda en la garganta. También se que el ahora no es el mañana, y para mi alivio, tal vez todo deje de ser lo que es para convertirse en un simple recuerdo.
Nada es necesario. Eso lo sé, o más bien es lo que quiero creer ahora. No eras necesario hace unos meses, no tienes porque serlo ahora ni nunca. Simplemente apareciste en mi vida, no sé porque motivo, no me importa; y ahora sólo lamento saber que no encontraré a nadie que se parezca en lo más mínimo a ti. Porque no quiero buscar,  porque sé que sería inútil, porque personas como tú hay pocas, y porque el universo sería atípicamente benévolo…
Amanece
tu vena única se expande
iluminándome con su sangre.
Mis ojos, ya autómatas
se abren con el calor de tu luz
orbe etéreo que me somete
antropomorfo deseo
corpóreo estupefaciente.

El desorden de mi espíritu

"Terminé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu"
Arthur Rimbaud
El desorden de mi espíritu: corpóreo, tangible, humano, tú. ¿Cómo podría no ser sagrado?
Sacro, puro, mío. ¿Realmente podría este desorden no serlo? Si  esta inestabilidad tiene nombre y alma, si este desorden es consecuencia de tu propio espíritu.
Terminé por encontrarte sagrado, por ser la deidad en que no creía, por ofrendarte mi vacío, por saberte origen de mi caos.

A nada, a nadie

"Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti. Por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento"  Francisco Umbral Saber que la unión no es tan profunda como para ser un motivo y entonces quedarme. Saber que en realidad no me he unido a nada, porque puedo irme a pesar de esa supuesta unión. Saber que esas palabras son ciertas: "insensible y valemadrista"; las escuché y las tengo presentes, porque sé que son verdad, porque no puedo comprobar lo contrario.
¿He perdido mi calidad de humano? ¿He llegado a reducirme a la simple animalidad? ¿En qué momento dejé de ser capaz de creer en el móvil en el que todos creen? Lo peor es que no me importa una vida más allá de mí, sin compenetrarme, sin dar más de lo que pueda controlar.
Esto soy, esto ha hecho el tiempo de mí. Un ser que a pesar de sus inequívocas intenciones ha preferido permanecer estático; el movimiento gener…