ahí donde descubrí al hombre y a la mujer encerrados en la realidad circundados de objetos, de planicies límítrofes de deseo qué era la realidad entonces sino tú y yo y un cúmulo de verdades y mentiras mezcladas o el juego del sí y el no la química de la sangre la noche la noche la noche el mirarnos frente al espejo después de hablar del nosotros que no existe el lóbulo derecho la mano izquierda espalda cuello vientre mirando al cielo o al suelo y el olor y el sonido de tu cuerpo qué es la realidad ahora sino la memoria la reminiscencia del deseo y pensar en el quizás volver a ver tus ojos en la oscuridad
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Las palomas sangran desde su corazón en volandas y las mujeres en sus labios se multiplican: una a una una a una una a una; en su lengua se escriben historias que en cada beso expulsan su anonimato entonces soy un número en medio del antes y el después, una boca que entre las calles se asoma al interior de otra boca que confunde la libertad; en su vuelo las alas destrozan mi pecho desde su corazón abierto, todo es carne y sangre: una explosión de miembros al interior de los cuerpos.
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Antes del amanecer galopan en el silencio las palabras multiplicándose al infinito. Retrocedo en el tiempo y desde la oscuridad de mis párpados percibo la magnitud de sucesos acumulados en un tiempo excesivamente corto. Sesenta días y sesenta noches que representan lo efímero e inmediato que supone la vida. --- A veces me pregunto qué significa la ausencia. Desaparecer voluntariamente como si la no-presencia diera apertura a otra dimensión del tiempo.Un tiempo particular que exige hacerse presente a costa de nuestra ausencia. Dejé de estar; y el tiempo estuvo, apareció para mis pensamientos y dejé de escribir. El tiempo entonces era la soledad. El ensimismamiento concluye cuando los círculos se cierran, cuando los ojos se abren y lo estático comienza a moverse. Entonces los caminos se dibujan como la luz entre las sombras. Así volví a caminar mientras todo parecía ajustarse a una geometría distinta: líneas paralelas y círculos concéntricos como huellas reconocidas en otro...
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Jugaban a no encontrarse, se declaraban eternos extraviados el uno para el otro, no querían encontrarse porque la búsqueda -entonces- lo era todo. Buscaban sus ojos dentro de sus sueños, resbalando en las sombras o cavando espacios en el cielo: ojos sepultureros que enterraban aquello que permanecía inmaculado durante la mirada náufraga. Buscaban sus labios entre flores palpitantes, los pétalos suaves de sangre se conducían a ciegas dibujándose en su reflejo: la humedad de su geometría: lo cóncavo de su vacío: lo convexo de sus movimientos: la totalidad de los labios descendiendo en la oscuridad. Buscaban, en fin, su piel de agua para hundirse, para amar como las olas, para no ser terrestres ni celestes; buscaban su piel para hacer la noche y para inventar los días, para recrear lo conocido con cada uno de sus sentidos, para ser el universo, el tiempo y el espacio. La búsqueda era para su alma una prolongación de cada encuentro, como la pregunta que se halla con c...
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Últimamente los días son completamente blancos o grises o azules. Tan inciertos. De día hay sol, un sol que atraviesa los cuerpos hasta lo más profundo de sus partículas; pero luego, por las tardes, la lluvia cae, entonces todo se apaga y me pongo a ver las cosas inundarse desde mi ventana. Miro tus fotografías, las calles y los edificios estáticos a través de la lente de tu cámara. Quisiera decirte que quizás te entiendo, que vivimos en la misma ciudad desde hace siglos; que también extraño los años que no he vivido y sólo me es posible retratar cada instante si es en blanco y negro. Quisiera decirte tantas cosas, dejar las palabras una por una sobre tus manos abiertas, como pétalos de flores que nunca conocerán la muerte. Escucho llover como escucho tu voz, como se observan los ojos reflejados en el reflejo de su propia mirada sobre el agua. No sé dónde estás, no sé adivinar las tardes sin tu tristeza. Cuéntame el secreto de tu ojos, dime que la vida como una nube se disuelv...
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¿Escribirte cientos de veces, para después olvidar todo? Como si la memoria fuera tan dócil, tan maleable. Como si las palabras en su levedad se fueran con el viento. Quiero escribirte sobre el cielo con las nubes diluyéndose en mis dedos, y en lo ancho de ese mar que desconoces, con olas tristes que no sepan decir adiós, como aquellos que conocen del amor y la ausencia. Te escribo porque aún no he aprendido a hablar contigo, porque mi voz parece ser acuchillada cuando trato de decir que te quiero, porque la sangre se acumula en mi garganta y las palabras comienzan a solidificarse dentro. Te escribo porque la vida se me escurre entre las dudas, porque con este diálogo ficticio pretendo disipar los miedos que me anidan, y sólo así puedo percibir al soliloquio haciéndose lugar entre las palabras que callo y las que me digo. Y porque apareciste entonces, bajo el sol de Marzo, con la mirada esquiva y las palabras claras, con la melodía de tu sonrisa naufragando en mi tristeza ...
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A tus ojos tristes de poeta o nube o flor entre más te busco más te encuentro encuentro primaveras de aves y soles divididos la muerte como un pedazo de vida y un zoológico de figuras geométricas formando universos en tus ojos de nieve encuentro esos labios tristes sonríendole al tiempo y las líneas invisibles que se construyen en tu interior un cielo impregnado de tus juegos de palabras y el amor solito entre fantasmas encuentro la noche en donde palpita la mañana la ciudad que nos habita de colores la memoria un cúmulo de astros danzando nuestras melodías y al final o al principio encuentro tu corazón de caleidoscopio que amanece saturado de palabras You know I can't rhyme nor find reason in all the things I say
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Los ojos más tristes de la ciudad; del planeta; del Universo. Los ojos más tristes de mi vida. Mira cómo se llenan de palabras, de mujeres, de otros ojos que aparentan guardar un poco de melancolía dentro. ¿Por qué ahora han decidido mirarlo? ¿Qué saben los demás de la tristeza si no existe nada más allá de sus sonrisas, si sus vidas son un océano que se vacía y se llena continuamente de amantes y cervezas y noches sin luces grises alumbrando hojas en blanco y libros desperdigados por el suelo? Ahora todos ansían perderse en sus pupilas, conocerlo, amarlo en secreto. Quisiera saber cuántas palabras han leído dentro de su boca, cuántas veces sus ojos han llovido en sus párpados, cuántos amaneceres han perdido en el aire de sus pulmones. Seguramente ninguno. Yo miro sus ojos de lejos mientras se pierden en algún libro, absortos en una dulce nostalgia que me impide siquiera acercarme. Por eso lo miro a la distancia. Por eso lo leo en secreto. Y escribo. Nada se compara co...
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La noche llueve. A lo lejos todo se convierte en puntos de luz blancos y rojos, amarillos y azules, como flores encendidas eléctricamente. El susurro del agua nos disuelve hasta el amanecer y una última verdad nos es revelada desde el fondo de las estrellas [La certeza de la vida se convierte en una ficción universal. La diferencia se halla en la consciencia que se tiene de dicha ficción, no se puede vivir sino en la incertidumbre, cada día se erige imperceptiblemente con base en nuestras elecciones] hasta el relieve de nuestras pupilas. Quizá el cielo blanco revele la pureza perdida como un rastro invisible, perdido en la cotidianidad, y las aves que se anidan en nuestro pecho palpiten cálidas hasta emprender el vuelo. Tanta tristeza encarnada en la vida debería disolverse con melodías como mundos individuales e indisolubles, estructuras etéreas que recrearan los sentidos y establecieran líneas paralelas entre los hombres, y así ya no saber si mis ojos son los tuyos y mi sangre reco...
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Se desprendía de la tierra aflorando entre tu cuerpo. Un bálsamo de sangre se hacía tangible a través de su piel de espuma. Se escondía detrás de los árboles, cerraba tus ojos con sus manos. El amanecer danzaba sobre sus párpados desvaneciéndose en sus ojos de ginebra. Solía sumergirse en el agua o en las flores como una sombra. El grito de las aves era la sangre de sus alucinaciones. Su cuerpo emergía en el crepúsculo como un sopor nebuloso que segregaba el tiempo y el espacio de la realidad que trazaba en tus sentidos.
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Duelen las palabras, duele la ausencia, duele esta vida plagada de vacío. Duele el cuerpo desgastado, duele la incertidumbre, duelen las preguntas que nadie dice. A veces despierto deseando que el sueño me venciera mil veces, que este dolor fuera tan insoportable para impedir expulsarme al mundo y así ya nunca abrir los ojos, nunca mirar sus rostros otra vez, ni esa tristeza que circunda al mundo, no volver a ser parte de algo a lo que nunca pertenecí. No me importaría si este fuera mi último sueño. No hay nada que me una a la realidad del ahora, a estos días tan ausentes. Si no hubiera leído a Francisco Umbral no hubiera hecho de su libro mi consigna y hoy sería feliz a pesar de todo: "Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti, por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento" . Todo es un pretexto, ni Francisco Umbral, ni...
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Cerraba los ojos lo más fuerte que podía deseando que no lo mirara. Al abrir sus ojos encontraba los míos sólo por unos segundos y otra vez sus párpados se cerraban, sonriendo con la sonrisa más pura del universo. Esa sonrisa se disolvía lentamente con los ojos cerrados entre los brazos de su madre hasta perderse en sueños. Durante ese letargo extendía su mano como para alcanzarme, con los ojos todavía cerrados, y aún en sueños, su mano seguía flotando levemente en dirección mía. Yo no podía dejar de mirarlo, terminé por cerrar mi libro de Kundera, para observar en su totalidad aquella mínima mano, y ese cuerpo como una máscara de la muerte, la respiración apenas perceptible en medio de la pureza que emergía de sí mismo. Cuando su madre se levantó quise decirle adiós, pero el sueño lo había vencido, su mano no tocó mi mano, y sus ojos quizás se olvidaron de los míos.
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I can barely breathe when I'm here, when everybody's there. I'd go away and leave everything if I could. I don't care about anything... We're learning with the dust while nothing changes. I'm wide awake but still dreaming and this life is such a disaster. [Just a field of eyes, morning lovers who set you free within the sun. I thought about them at dawn. The sky was a skin of mallow in my brain and they were flowers blooming in a unfixed heart. I love them in my head] This city lights me up. I look at the floor and I can see the sunset in. Floating in these words, driving myself to ruin. At least I'm sure of one thing, I won't miss anything. Maybe a song. Sweet chords with the sadness of the world in them. A song that you don’t understand because you don’t know my sadness. You don’t know the road where I’m walking in. [You used to be my beast, the wanderer of my streets, the sun above my eyes. You used to be the whisper in my ear, the face tha...