miércoles, agosto 01, 2012


"He dejado de reír,
el viento helado congela mis labios
existe ahora una esperanza menos,
habrá todavía una canción más"
Anna Ajmátova 

Llevo más de un mes escribiendo un “poema” que se ha tornado demasiado largo. Quisiera poder escribir más, pero es extrañamente difícil. Hubo un tiempo en el que solía escribir diario, o la mayoría del tiempo, supongo que era debido a que apenas me iniciaba en encontrar un estilo propio, o al menos no tan ajeno; lo que escribía en ese entonces no era tan bueno como me parecía, a veces resultaba muy común, por eso nunca lo llamé poesía, para mí sólo representaba un “intento de”. Así transcurrió la mayor parte de la preparatoria, una época importante en cuanto a la creación de mis intentos de poesía; obviamente eso también se debía a que en ese tiempo tenía cierta inspiración -dos culpables- y tal vez una supuesta ingenuidad. 

Hace un año dejé de escribir de la manera en solía hacerlo. Pat, (sí, el destinatario de numerosas entradas de este blog) había desaparecido de mi vida abruptamente; recuerdo que fueron unos días bastante malos, había dejado de creer en muchas cosas, simplemente trataba de suplantar y olvidar, y si acaso escribía, todo terminaba en la basura. Después pasó el tiempo y pasó Pat,  pasaron X y Y, y yo seguía sin escribir. Ahora me llevan más tiempo unas cuantas líneas,  tal vez  es que encontré otro método, no sé, pero todo me parece más lento; las palabras se esconden y las noches fingen una eternidad que resulta inútil.

Desde hace más de un mes he escrito sobre el sonido, que para mí es lo mismo que una persona: él, y que a veces también descubro que soy yo; el sonido que somos, o que creo que somos; sólo nosotros dos. Leo a Salvador Elizondo y me aproximo a la hoja en blanco, llega Sabines y me hallo en un limbo silente. Voy y vengo entre palabras, y nada.