martes, enero 31, 2012

Súbita ausencia en que te miro, ya no hay pupilas que me devuelvan la memoria. Te miro, desnudo el filo de tu luz, apenas sobre mis labios renace la muerte. Exhalas círculos de humo, geometría intangible que me conduce hacia tu boca, donde aspiro lentamente con la vaga intención de retenerte en mi organismo. Abro mis  párpados y descubro la cadencia atípica de tus ojos oscuros, torrente, tempestad de pestañas, guardianas de tus tristes reflejos. Dejo de mirarme en tus ojos para comenzar a escucharte. Contigo no existe el silencio, tú eres la palabra, el sonido que no sabe cómo morir. Ahora sólo soy tu voz, sólo el lenguaje de tu cuerpo. Contigo sólo soy, sólo dejo de ser.
Nada en tu ser me parece real
no encuentro tu fin dentro de mí.
Tus ojos van más allá de la creación
ola etérea, sol oscuro
sombra en la que desnudo mi reflejo.
Y tus labios de luz escondida
descubierta sólo por quien los absorbe,
tornan la materia inmortal
cuando uno es presa de su abismo.
Tus manos podrían ser dioses
eternos redentores sobre mi cielo,
sagrado contacto fatal
con tu limbo inmaculado como destino.
Pero sólo tus palabras
son capaces de devolverme lo tangible
abren mis ojos para hallar tú caos
que es el origen mismo de lo verdadero.

viernes, enero 27, 2012

Este es el primer insomnio que me causas. Un cúmulo de preguntas sin respuesta. Una espera que parece eterna. Una de esas veces en que me parece que lo estoy perdiendo todo, pero sólo se trata de ti.

Hace unos meses ni siquiera te conocía, mis pensamientos no eran tuyos, ni mis días ni mis noches. Pero el ayer no es el ahora, y hoy eres una idea constante en mi cabeza, eres la noche sin sueño y esa duda en la garganta. También se que el ahora no es el mañana, y para mi alivio, tal vez todo deje de ser lo que es para convertirse en un simple recuerdo.

Nada es necesario. Eso lo sé, o más bien es lo que quiero creer ahora. No eras necesario hace unos meses, no tienes porque serlo ahora ni nunca. Simplemente apareciste en mi vida, no sé porque motivo, no me importa; y ahora sólo lamento saber que no encontraré a nadie que se parezca en lo más mínimo a ti. Porque no quiero buscar,  porque sé que sería inútil, porque personas como tú hay pocas, y porque el universo sería atípicamente benévolo al presentarme a alguien más que llegue a significar tanto en tan poco tiempo. Sí, lo lamento, pero a pesar de todo, el mundo no se acaba contigo.

lunes, enero 23, 2012

No quiero nada, nada de ti en mí, no quiero que me duelas más de lo que ahora lo haces. ¿Y si me alejo qué? De cualquier manera no me necesitas. Y si alguna vez lo haces, lamentaré no estar para ti de la forma en que ahora lo hago.

No quiero dejar pasar el tiempo hasta que definitivamente me signifiques tanto que no encuentre la manera de desprenderte de mi vida. Este es el momento para hacerlo, para no llegar más lejos. Y no quisiera apartarme, pero, ¿cómo quedarme sabiendo que tú sigues ahí?. El único motivo por el que no me iba eras tú, y ahora eres la razón para irme.

Puedo ausentarme, puedo alejarme, pero no sé cómo dejarte. Me has acostumbrado a ti, me has alimentado día con día, y ahora no puedo sino esperar lo que me das, como si fueras un mal hábito o un vicio.

Puedo irme, pero no puedo hacer que te vayas.

viernes, enero 20, 2012

Amanece
tu vena única se expande
iluminándome con su sangre.
Mis ojos, ya autómatas
se abren con el calor de tu luz
orbe etéreo que me somete
antropomorfo deseo
corpóreo estupefaciente.

miércoles, enero 18, 2012

El desorden de mi espíritu

"Terminé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu"
Arthur Rimbaud

El desorden de mi espíritu: corpóreo, tangible, humano, tú. ¿Cómo podría no ser sagrado?

Sacro, puro, mío. ¿Realmente podría este desorden no serlo? Si  esta inestabilidad tiene nombre y alma, si este desorden es consecuencia de tu propio espíritu.

Terminé por encontrarte sagrado, por ser la deidad en que no creía, por ofrendarte mi vacío, por saberte origen de mi caos.

martes, enero 17, 2012

A nada, a nadie

"Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti. Por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento"   
Francisco Umbral
Saber que la unión no es tan profunda como para ser un motivo y entonces quedarme.
Saber que en realidad no me he unido a nada, porque puedo irme a pesar de esa supuesta unión.
Saber que esas palabras son ciertas: "insensible y valemadrista"; las escuché y las tengo presentes, porque sé que son verdad, porque no puedo comprobar lo contrario.

¿He perdido mi calidad de humano? ¿He llegado a reducirme a la simple animalidad? ¿En qué momento dejé de ser capaz de creer en el móvil en el que todos creen?
Lo peor es que no me importa una vida más allá de mí, sin compenetrarme, sin dar más de lo que pueda controlar.

Esto soy, esto ha hecho el tiempo de mí. Un ser que a pesar de sus inequívocas intenciones ha preferido permanecer estático; el movimiento genera consecuencias, acciones, la estabilidad permite la interacción más no la reciprocidad, las reacciones ya no son conocidas dentro de mi percepción, puedo prever mis supuestos sentimientos, las palabras ajenas, mis posteriores respuestas, todo es parte de lo mismo y todo lo puedo ver bajo la sombra de mis ojos. Perder la capacidad de asombro es descubrir el abismo propio.

Y este vacío, estático, inmóvil, no exige nada, simplemente me hace regresar a un estado primitivo, en el que ya no existen las cuestiones ni las necesidades que recaen en otro ser, porque el vacío que ahora soy significa reconocer en mí la dualidad que he dejado de buscar.