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Mostrando entradas de enero, 2012
Súbita ausencia en que te miro, ya no hay pupilas que me devuelvan la memoria. Te miro, desnudo el filo de tu luz, apenas sobre mis labios renace la muerte. Exhalas círculos de humo, geometría intangible que me conduce hacia tu boca, donde aspiro lentamente con la vaga intención de retenerte en mi organismo. Abro mis  párpados y descubro la cadencia atípica de tus ojos oscuros, torrente, tempestad de pestañas, guardianas de tus tristes reflejos. Dejo de mirarme en tus ojos para comenzar a escucharte. Contigo no existe el silencio, tú eres la palabra, el sonido que no sabe cómo morir. Ahora sólo soy tu voz, sólo el lenguaje de tu cuerpo. Contigo sólo soy, sólo dejo de ser.
Nada en tu ser me parece real
no encuentro tu fin dentro de mí.
Tus ojos van más allá de la creación
ola etérea, sol oscuro
sombra en la que desnudo mi reflejo.
Y tus labios de luz escondida
descubierta sólo por quien los absorbe,
tornan la materia inmortal
cuando uno es presa de su abismo.
Tus manos podrían ser dioses
eternos redentores sobre mi cielo,
sagrado contacto fatal
con tu limbo inmaculado como destino.
Pero sólo tus palabras
son capaces de devolverme lo tangible
abren mis ojos para hallar tú caos
que es el origen mismo de lo verdadero.
Este es el primer insomnio que me causas. Un cúmulo de preguntas sin respuesta. Una espera que parece eterna. Una de esas veces en que me parece que lo estoy perdiendo todo, pero sólo se trata de ti.
Hace unos meses ni siquiera te conocía, mis pensamientos no eran tuyos, ni mis días ni mis noches. Pero el ayer no es el ahora, y hoy eres una idea constante en mi cabeza, eres la noche sin sueño y esa duda en la garganta. También se que el ahora no es el mañana, y para mi alivio, tal vez todo deje de ser lo que es para convertirse en un simple recuerdo.
Nada es necesario. Eso lo sé, o más bien es lo que quiero creer ahora. No eras necesario hace unos meses, no tienes porque serlo ahora ni nunca. Simplemente apareciste en mi vida, no sé porque motivo, no me importa; y ahora sólo lamento saber que no encontraré a nadie que se parezca en lo más mínimo a ti. Porque no quiero buscar,  porque sé que sería inútil, porque personas como tú hay pocas, y porque el universo sería atípicamente benévolo…
Amanece
tu vena única se expande
iluminándome con su sangre.
Mis ojos, ya autómatas
se abren con el calor de tu luz
orbe etéreo que me somete
antropomorfo deseo
corpóreo estupefaciente.

El desorden de mi espíritu

"Terminé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu"
Arthur Rimbaud
El desorden de mi espíritu: corpóreo, tangible, humano, tú. ¿Cómo podría no ser sagrado?
Sacro, puro, mío. ¿Realmente podría este desorden no serlo? Si  esta inestabilidad tiene nombre y alma, si este desorden es consecuencia de tu propio espíritu.
Terminé por encontrarte sagrado, por ser la deidad en que no creía, por ofrendarte mi vacío, por saberte origen de mi caos.

A nada, a nadie

"Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti. Por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento"  Francisco Umbral Saber que la unión no es tan profunda como para ser un motivo y entonces quedarme. Saber que en realidad no me he unido a nada, porque puedo irme a pesar de esa supuesta unión. Saber que esas palabras son ciertas: "insensible y valemadrista"; las escuché y las tengo presentes, porque sé que son verdad, porque no puedo comprobar lo contrario.
¿He perdido mi calidad de humano? ¿He llegado a reducirme a la simple animalidad? ¿En qué momento dejé de ser capaz de creer en el móvil en el que todos creen? Lo peor es que no me importa una vida más allá de mí, sin compenetrarme, sin dar más de lo que pueda controlar.
Esto soy, esto ha hecho el tiempo de mí. Un ser que a pesar de sus inequívocas intenciones ha preferido permanecer estático; el movimiento gener…