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Mostrando entradas de mayo, 2013
La noche llueve. A lo lejos todo se convierte en puntos de luz blancos y rojos, amarillos y azules, como flores encendidas eléctricamente. El susurro del agua nos disuelve hasta el amanecer y una última verdad nos es revelada desde el fondo de las estrellas [La certeza de la vida se convierte en una ficción universal. La diferencia se halla en la consciencia que se tiene de dicha ficción, no se puede vivir sino en la incertidumbre, cada día se erige imperceptiblemente con base en nuestras elecciones] hasta el relieve de nuestras pupilas. Quizá el cielo blanco revele la pureza perdida como un rastro invisible, perdido en la cotidianidad, y las aves que se anidan en nuestro pecho palpiten cálidas hasta emprender el vuelo. Tanta tristeza encarnada en la vida debería disolverse con melodías como mundos individuales e indisolubles, estructuras etéreas que recrearan los sentidos y establecieran líneas paralelas entre los hombres, y así ya no saber si mis ojos son los tuyos y mi sangre recor…
Cuánta vida encuentro en tus labios, cuánta sangre en tus palabras. A veces me parece que toda la luz del mundo se encuentra debajo de tus párpados, que las sombras se dispersan desde el fondo de tus ojos hasta la memoria de mi tristeza.
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Se desprendía de la tierra aflorando entre tu cuerpo. Un bálsamo de sangre se hacía tangible a través de su piel de espuma. Se escondía detrás de los árboles, cerraba tus ojos con sus manos. El amanecer danzaba sobre sus párpados desvaneciéndose en sus ojos de ginebra. Solía sumergirse en el agua o en las flores como una sombra. El grito de las aves era la sangre de sus alucinaciones. Su cuerpo emergía en el crepúsculo como un sopor nebuloso que segregaba el tiempo y el espacio de la realidad que trazaba en tus sentidos.

Duelen las palabras, duele la ausencia, duele esta vida plagada de vacío.  Duele el cuerpo desgastado, duele la incertidumbre, duelen las preguntas que nadie dice.
A veces despierto deseando que el sueño me venciera mil veces, que este dolor fuera tan insoportable para impedir expulsarme al mundo y así ya nunca abrir los ojos, nunca mirar sus rostros otra vez, ni esa tristeza  que circunda al mundo, no volver a ser parte de algo a lo que nunca pertenecí. 
No me importaría si este fuera mi último sueño. No hay nada que me una a la realidad del ahora, a estos días tan ausentes. Si no hubiera leído a Francisco Umbral no hubiera hecho de su libro mi consigna y hoy sería feliz a pesar de todo: "Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti, por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento". Todo es un pretexto, ni Francisco Umbral, ni Kundera, ni Neruda tienen la culpa en su totali…
¿Qué tanto pensamos lo que decimos?  ¿Es por su importancia o por su insignificancia por lo que mencionamos las cosas? 
La polisemia es el origen de mi caos.
Cerraba los ojos lo más fuerte que podía deseando que no lo mirara. Al abrir sus ojos encontraba los míos sólo por unos segundos y otra vez sus párpados se cerraban, sonriendo con la sonrisa más pura del universo. Esa sonrisa se disolvía lentamente con los ojos cerrados entre los brazos de su madre hasta perderse en sueños. Durante ese letargo extendía su mano como para alcanzarme, con los ojos todavía cerrados, y aún en sueños, su mano seguía flotando levemente en dirección mía. Yo no podía dejar de mirarlo, terminé por cerrar mi libro de Kundera, para observar en su totalidad aquella mínima mano, y ese cuerpo como una máscara de la muerte, la respiración apenas perceptible en medio de la pureza que emergía de sí mismo. Cuando su madre se levantó quise decirle adiós, pero el sueño lo había vencido, su mano no tocó mi mano, y sus ojos quizás se olvidaron de los míos.
I can barely breathe when I'm here, when everybody's there. I'd go away and leave everything if I could. I don't care about anything... We're learning with the dust while nothing changes. I'm wide awake but still dreaming and this life is such a disaster.


[Just a field of eyes, morning lovers who set you free within the sun. I thought about them at dawn. The sky was a skin of mallow in my brain and they were flowers blooming in a unfixed heart. I love them in my head]
This city lights me up. I look at the floor and I can see the sunset in. Floating in these words, driving myself to ruin. At least I'm sure of one thing, I won't miss anything.

Maybe a song. Sweet chords with the sadness of the world in them. A song that you don’t understand because you don’t know my sadness. You don’t know the road where I’m walking in.

[You used to be my beast, the wanderer of my streets, the sun above my eyes. You used to be the whisper in my ear, the face that showed the…