Duelen las palabras, duele la ausencia, duele esta vida plagada de vacío. 
Duele el cuerpo desgastado, duele la incertidumbre, duelen las preguntas que nadie dice.

A veces despierto deseando que el sueño me venciera mil veces, que este dolor fuera tan insoportable para impedir expulsarme al mundo y así ya nunca abrir los ojos, nunca mirar sus rostros otra vez, ni esa tristeza  que circunda al mundo, no volver a ser parte de algo a lo que nunca pertenecí. 

No me importaría si este fuera mi último sueño. No hay nada que me una a la realidad del ahora, a estos días tan ausentes. Si no hubiera leído a Francisco Umbral no hubiera hecho de su libro mi consigna y hoy sería feliz a pesar de todo: "Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti, por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento". Todo es un pretexto, ni Francisco Umbral, ni Kundera, ni Neruda tienen la culpa en su totalidad, o tal vez sí, ya no sé hasta qué punto he dejado de ser yo para convertirme en las palabras que han logrado estructurar levemente el desorden de mi vida. ¿Seré una ínfima parte de cada uno de ellos que converge en un caos ficticio? 
[No sé quien eres. Ayúdame a descifrar quien soy. Disipa las dudas con tus palabras, inventa las preguntas que quiero responder. Dibuja un camino que no se desvanezca nunca. Que el lenguaje de la tristeza sea el origen entre nosotros, porque no me concibo de otra forma. Ayúdame a descubrir el mundo y su luz. Y también sus sombras]

Comentarios

  1. Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti, por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento".

    interesante reflexión,

    ¿Hasta que punto uno no es libre para morir?

    Parece como si cuando nadie nos va a echar de menos es más "fácil" irse de este mundo.
    Yo ha este escrito lo llamaría prosoterapia, porque como vía de escape dejamos todo aquello que nos corróe.

    Pero... El paréntesis con el que terminas, es una esperanza, hay una lucha interna en este texto tan intimista, tan cerca de la sombra.

    Un abrazo

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  2. Vaya textos que dejas, M, no son precisamente ligeros. Yo creo que la vida mata, desgasta. Vivir duele. Vivir, quiero decir vivir, es decir, pensar, sentir, cuestionar, cuestionarse, crecer, caerse, levantarse, volar, mejorar, retroceder, caerse otra vez, volver a levantarse, etc., etc. En un mapa hay desiertos, son travesías ineludibles, hay que atravesarlas, no queda más remedio. Hay una escena de una película de Annie Hall en la que Woody Allen está apesadumbrado con sus comeduras de coco habituales y empieza a preguntar por la calle a la gente que pasa. En un momento dado aborda a una pareja joven y alegre y les pregunta si son felices porque lo parecen, ellos contestan que sí, entonces les pregunta cómo es eso, y le contestan que es porque son poco profundos y algo vacíos y no tienen ideas ni cosas interesantes que decir, él queda pensativo y les responde que eso es interesante. Vivir duele, sentir duele, pero uno es como es, no tiene que darle muchas vueltas a eso, creo, pero pienso también que lo más triste sería darse cuenta en un fugaz momento de lucidez que uno es como esa pareja a pesar de toda su felicidad. A veces uno quisiera dormir por mucho tiempo para que se desvanecieran algunas cosas que le toca pasar (esos desiertos), pero afortunadamente se es como se es, sí, afortunadamente a pesar de ciertas partes. La vida para algunos tiene pasajes tristes o dolorosos, pero la capacidad de sentir por ejemplo, la sensibildad, la inteligencia, a pesar del coste que llevan, suponen que un sólo minuto de felicidad puede valer mucho más que toda una vida de tranquilidad contemplativa y pusilánime con todo. Creo que uno no elige su grado de sensibilidad ni su grado de inteligencia, como no elige su estatura ni el color de sus ojos. No sé, son cosas que se me ocurren, quizá no consigo expresar bien lo que quiero decir, pero yo prefiero un millón de veces, porque creo que son lo mejor, a las personas que tienen la capacidad de albergar cierta sombra en su mirada, cierta tristeza en sus ojos. Creo que ven más, sienten más, valen más, y en definitva, conocen mejor el valor de las cosas que merecen la pena. Tal vez por eso sus sonrisas son incomparables.

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