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Mostrando entradas de septiembre, 2011
Busco tu boca, el grito que me otorgaron tus labios, el eco que permanece sobre mi boca. Busco la espina de una flor libada entre las sombras, y la liberación de sangre desnuda por sus pétalos.

Sólo encuentro la reminiscencia que me asiste al caer el día, cuando los ojos de la noche se abren para fulminar con sus astros de fuego. Palpo en la memoria, cadáveres de humo inundan el letargo, mis dedos atraviesan el velo de tu alma, en donde sucumben y renacen mis deseos.

Quiero extraviarte en mi abismo, perderme contigo, responder a nuestros sentidos hasta el final de este juego mortífero. Descender hasta llegar al fondo de nuestros cuerpos inconstantes, enterrar las heridas de la oscuridad dentro de la luz fragmentada.
¿Cuál es tu origen, sombra caída?
Tu cadáver vive sobre mi piel todavía
como un estigma de cruel devenir.
¿Es tu voz la que me llama?
¿es una palabra malvada tu promesa?
¿o es la muerte deseada?
Qué principio necesito si me basta con tu boca
sabio recinto que me abarca
redención mutua, abismo que socava.
Como dos pequeñas serpientes extraviadas
o como la conquista de algún paraíso oculto.
Como una batalla entre guerreros místicos.
Como la redención final de los cuerpos.
Desciendes levemente
como una llama que muere y renace,
vienes y entre tus manos
tomas las cenizas que deshacen
y recrean este juego olvidado.
Hablemos sobre la propuesta no revelada aún
en la que secretamente hemos pensado:
Esa tregua de sangre,
perfume extensivo a muerte
que penetra en nuestras almas.
Me basta sólo con las palabras
que sean necesarias
para inferir este acuerdo mutuo.
El tiempo, aunque efímero
nos es suficiente para comenzar
este juego mortífero,
este incendio de ceniza y flores.