Hablemos sobre la propuesta no revelada aún
en la que secretamente hemos pensado:
Esa tregua de sangre,
perfume extensivo a muerte
que penetra en nuestras almas.
Me basta sólo con las palabras
que sean necesarias
para inferir este acuerdo mutuo.
El tiempo, aunque efímero
nos es suficiente para comenzar
este juego mortífero,
este incendio de ceniza y flores.

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