A nada, a nadie

"Quizá no me vaya nunca. Soy cobarde. Pero en todo caso, no quiero unirme a nada, a nadie. Ni si quiera a ti. Por lo menos quiero estar libre para tener ilusión de que puedo irme en cualquier momento"   
Francisco Umbral
Saber que la unión no es tan profunda como para ser un motivo y entonces quedarme.
Saber que en realidad no me he unido a nada, porque puedo irme a pesar de esa supuesta unión.
Saber que esas palabras son ciertas: "insensible y valemadrista"; las escuché y las tengo presentes, porque sé que son verdad, porque no puedo comprobar lo contrario.

¿He perdido mi calidad de humano? ¿He llegado a reducirme a la simple animalidad? ¿En qué momento dejé de ser capaz de creer en el móvil en el que todos creen?
Lo peor es que no me importa una vida más allá de mí, sin compenetrarme, sin dar más de lo que pueda controlar.

Esto soy, esto ha hecho el tiempo de mí. Un ser que a pesar de sus inequívocas intenciones ha preferido permanecer estático; el movimiento genera consecuencias, acciones, la estabilidad permite la interacción más no la reciprocidad, las reacciones ya no son conocidas dentro de mi percepción, puedo prever mis supuestos sentimientos, las palabras ajenas, mis posteriores respuestas, todo es parte de lo mismo y todo lo puedo ver bajo la sombra de mis ojos. Perder la capacidad de asombro es descubrir el abismo propio.

Y este vacío, estático, inmóvil, no exige nada, simplemente me hace regresar a un estado primitivo, en el que ya no existen las cuestiones ni las necesidades que recaen en otro ser, porque el vacío que ahora soy significa reconocer en mí la dualidad que he dejado de buscar.

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