Me adhiero a tu voz de naufragio y rompemos en el viento. Resplandece. Viajamos entre las palabras que deshacen el tiempo cuando los límites se desvanecen. Los muros que nos dividen se deshacen con cada paso y el amanecer disuelve los astros con su palpitación áurea.

Lejos de ti, las cosas que no puedo nombrar construyen un tejido que me conduce a donde has estado, el instante previo en que inundas el vacío que desgasta nuestros órganos se hace tangible en la guarida de tus ojos. Contemplo el origen del horizonte al borde del silencio. Son tus palabras las que quiero escuchar, tu voz que se tiñe de ríos de sangre como vetas de miel. 

Pero vamos a ninguna parte, a donde el  aire, al lugar en donde las flores crecen cuando nadie las mira, en donde te elevas como la luz después del sueño en lo hondo de este firmamento desconocido.

En la levedad rompemos y la noche se fragmenta. El ruido del mundo se ahoga en nuestros oídos y lo cruzamos todo sin llegar aquí.

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