"¿Pero cuándo el amor es propiamente amor? ¿Puede uno amar a quien le acompañó por una hora? ¿Por dos horas, dos meses, dos años, dos minutos? ¿Se ama a quien se conoce, justamente por eso, o es quizás al revés: conocemos para mejor desconocer, y así poder amar sin el estorbo de la realidad? ¿No es cierto que quienes más se aman son a veces quienes menos se conocen? Ni una sola de estas preguntas se plantea jamás para buscar respuesta verdadera. Ninguna la tiene, ni la tendrá, a menos que uno decida imponérsela, casi siempre de acuerdo con su más absoluta inconveniencia. Incluso sin respuesta, lanzadas al espacio estratosférico de los propios insomnios, las preguntas que apuntan a la probable existencia del amor suelen aparecer cuando no queda tiempo, ni voluntad, ni siquiera osadía para ponerlas en duda. Preguntarse si por casualidad se ama equivale a plantear una alternativa entre felicidad y desdicha, buena y mala fortuna, besos y bofetadas. Se elige ser feliz, besado, afortunado, aun en la certeza de que sucederá lo opuesto, igual que se le dice ‘que te vaya bien’ a un enfermo terminal. Elegimos a veces a costillas de la conveniencia y el sosiego, por razones tan inaccesibles como irracionales, por eso las preguntas laten sin respuestas, y al final son capaces de aceptar cualquiera. El amor es lo más parecido a las mentiras. Justifica u opaca a la razón, por derecho o torcido que parezca, no requiere de justificaciones, se reproduce a la menor provocación y exige todo el crédito del mundo. Además de que nadie o casi nadie puede vivir tranquilo en su total ausencia. Por eso, cuando vienen las preguntas, lo hacen acompañadas de su correspondiente hilera de respuestas obvias. Sí. Claro. Por supuesto. Para siempre. ¿Por qué no? Cualquier cosa con tal de no quedarse en esta orilla solitaria, qué más da si después del amor está la nada. ¿O es que alguien está aquí sin entender que al final de la vida no queda más que muerte?"

Fragmento del libro: "Diablo Guardián", escrito por Xavier Velasco.

Comentarios

  1. En el acto de cuestionarnos ya está explícita la respuesta. Generalmente, lo que requiere una pregunta expresa una duda.

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  2. El amor es lo más parecido a la demencia, justifica y opaca la locura. Si sólo queda muerte, qué importa el amor o la nada, todo es una inconveniencia de estar vivos.

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    1. Me gusta esa analogía. Justamente creo que el amor es tan intangible e incierto que a veces resulta incomparable, sin embargo, creo que lo que dices tiene mucho de cierto, se aproxima a un estado de demencia. Esa inconveniencia de este vivos es la que dota de sentido el camino hacia la muerte. Quizá solo quede eso al final, pero poseemos el presente, el instante. Creo que la vacuidad de las cosas representa la muerte en sí.
      Muchas gracias por tu comentario, saludos :)

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